Nota del autor: Después de más de un año y medio sin escribir, desde que echaron a Mendílibar, me siento con la necesidad de hacerlo. Y me preocupa pensar que durante estos 18 meses la situación del club solo ha hecho que empeorar.
Acabó la otra semana trágica en el Sevilla FC. Una tónica bastante habitual desde que en mayo de 2023 se tocó el cielo en Budapest. Lejos de aprovechar el milagro de la séptima con la lluvia de millones y el volver a la Champions, la incalificable directiva del club optó por echar indirectamente a Monchi y darle el poder a un Víctor Orta que todavía cree que este club es su PC Fútbol particular para jugar a hacerse el international.
En este final de marzo de 2025, casi dos años después, lo que debe preocupar al sevillismo ya no es la derrota ante el Betis, un equipo que ahora mismo es superior y que, por estadística, cada 7 años te puede ganar un derbi. Más allá de perder, lo duro es la imagen. La de un equipo sin alma, sin líder, sin idea, incapaz de generar peligro en toda la segunda parte con el resultado en contra. Donde tus cambios son Akor Adams que ha jugado 60 minutos desde que llegó, Peque que parece un futbolista de Segunda, Saúl que está más pendiente de las fotos que de jugar, Idumbo del filial y Ejuke que juega por y para él. Por no hablar de que tu capitán general sea Gudelj, que en casi cualquier otro Sevilla de los últimos 20 años daría gracias por estar en la plantilla y ahora es indiscutible. Un conjunto sin ambición, que no transmite nada y que no conecta con una afición que, pese a todo, sigue más que nunca. Es peor la rabia o el enfado que la indiferencia. El desarraigo que empieza a haber entre la afición puede ser muy perjudicial para el club a medio y largo plazo.
Y lo peor todavía, la previsión de futuro. Tras el enésimo bochorno de la Junta General de Accionistas donde volvió a quedar evidente que Del Nido Jr y las familias cómplices seguirán aferrados a la silla con todas sus fuerzas, llenando sus bolsillos de oro a costa de dejar el club como un solar. Mientras tanto, el club se desangra, el Sevilla FC pide socorro pero sus gestores, varios de ellos felices ayer tras el 2-1, seguirán mirando a su cuenta bancaria en vez de centrarse en intentar reparar el desastre que tienen en sus manos.